Sara M. Pérez

lunes, 26 de septiembre de 2011

Hermano.

Un golpe, otro. Cientos de astillas volando ante mis ojos. Una ventana rota y Gozilla en la puerta. Temblando de pánico conseguí mantearme en mi escondite.
Boom! Boom! Plas! Crash! Plas! Boom! Boom!
¿Qué era eso? Sonaba a golpes. Asome la pupila por la mirilla del armario. No cabía de mi asombro. Gozilla caído en el suelo.
¿Qué ser en su sano juicio se atrevería a enfrentarse él? – Pensé.
Yo – dijo mientras abría las puertas del armario, me guarida secreta. Sonrió y me tendio la mano.

jueves, 22 de septiembre de 2011

Hace mucho tiempo, a las 5 de la mañana...

Cada cosa en su momento… Muchos han fallado por el “antes de tiempo”. Cada momento requiere un procedimiento, momento de risa, momentos de volar, de pensar ¿qué harás? Momentos de exponer tus ideas, momentos de desplegar tus sueños, momentos de arriesgarse. Riesgos… Arriesgarse siempre es bueno, es más, yo creo que es necesario. Arriesgarse es asomarte fuera del nido, arriesgarte es saltar y dejarte llevar por las redes de viento. Respirar hondo, extender los brazos, cerrar los ojos. Piensas, dudas. Pero das el paso. Pero tanta improvisación no es buena, puedes perder el rumbo y chocarte. Pequeñas dosis, es como aprender a conducir. Primero la reflexión antes del acto, el balance del posible error y no dejarlo a la fortuna, embrague. Después la primera marcha, está bien para ir empezando, poco a poco, no llames al señor muerte. Asique tranqui, déjalo tranquilo, analízalo, deja fluir todo el estilo. Mete la segunda, enciendes la música y escuchas. Tranqui, deja que te encuentre, siente que la música te fluye por el vientre. Ya te acostumbras, pero paras. ¿Dejaste de lado alguna parte de ti mismo? Puede que la magia se esfumara y la quieres encontrar más viva que muerta. Y buscas, y te reencuentras. Piensas… “no lo planee, solo volé como Tracy McGrady”.
“Yo amplio conocimientos, fijo los cimientos, como sea fluyo sobre esta marea de calles salvajes que exigen coraje, tú eliges el viaje por estos parajes de seres de traje, de coches que rugen, de luces de alto voltaje, de ultraje y pillaje, de polis que fingen
dirigen el crimen, percibes declive allí donde mires, el líder prohíbe que libre respires, luchas u obedeces tú decides”

Corazón de tinta

El fuego lamía su piel como si fuese algo vivo, un ser que ardía en llama, cuya amistad se había ganjeado, que lo acariciaba, que b ailaba para él ahuyentando la noche.[...] El fuego remolineaba a su alrededor, bailaba con él pero sin morderle.

Metamorfosis.

Olas del mar. Cuerpo azotado por el viento. Ropa a la fuga. Ceguera total. Olas rompiendo en el acantilado. Rayos y truenos. Palabras susurrantes en mitad del cielo. Pestañas temblorosas y faz fruncida. Cada vez más rayos y escamas negras en mi cuerpo. Ojos claros y parpadeantes. Pupilas profundas y expandidas. Ente a la espera de una señal. Cada vez más viento, salvaje el océano, intensos los relámpagos, miedo, tensión en el cuerpo, perseverancia en el acto…
Y entonces, ocurrió. Fue un pálpito. Fue un candado abierto. Fue un suspiro. Fue como respirar por primera vez, vivir por primera vez, observar por primera vez, sentir por primera vez. Paz, seguridad. Potencia al máximo. Lancé un rugido mientras algo se rompía en mi columna vertebral. Mi espalda se deformaba, bullía. Mi piel se desgarraba, mi cuerpo se convulsionaba, mi piel quemaba, mi corazón se atemorizaba.

lunes, 19 de septiembre de 2011

Visualizador de múltiples funciones.

Pelo rojo ondeado por el viento, mechones al aire. Manos sujetas al puño acelerador. Sonido del motor, óptimo. Aceleración progresiva. Cantidad moderada de gotas en el casco. Nivel de adrenalina: cincuenta y siete, creciente. Postura cómoda. Prendas de cuero en estado favorable. Atención centrada en: curva, suelo, rodilla. Visión periférica, nubarrones y llanura. Velocidad: ciento ochenta, ascendiendo. ¿Adrenalina en sangre? 98. Indicaciones del cerebro: descender velocidad a ciento veinte kilómetros por hora. Consejo enviado al cerebro: Cierra el pico. Inclinación actual: total.

martes, 6 de septiembre de 2011

Los deboradores.

Los tatuajes recorrían mi piel de manera voraz, listos para atacar. Se escurrían por mis hombros en cascada, vigilantes. Notaban mi piel erizada y mi estado de alerta. Un solo movimiento en el plano y yo a atacaría, junto a ellos. Sentía la mirada del jaguar clavada en mi mientras bajaba por mi brazo hasta mi puño. Sus garras serían mías en el momento que las precisara. Los pajarillos que normalmente revoloteaban en la dermis de mi muñeca se habían convertidor en unas viles máquinas de matar,letales. Los tribales de mi espalda brillaban expectantes, esperando el momento preciso para cederme su energía. Iba a ser una dura batalla.