Sara M. Pérez

jueves, 22 de septiembre de 2011

Metamorfosis.

Olas del mar. Cuerpo azotado por el viento. Ropa a la fuga. Ceguera total. Olas rompiendo en el acantilado. Rayos y truenos. Palabras susurrantes en mitad del cielo. Pestañas temblorosas y faz fruncida. Cada vez más rayos y escamas negras en mi cuerpo. Ojos claros y parpadeantes. Pupilas profundas y expandidas. Ente a la espera de una señal. Cada vez más viento, salvaje el océano, intensos los relámpagos, miedo, tensión en el cuerpo, perseverancia en el acto…
Y entonces, ocurrió. Fue un pálpito. Fue un candado abierto. Fue un suspiro. Fue como respirar por primera vez, vivir por primera vez, observar por primera vez, sentir por primera vez. Paz, seguridad. Potencia al máximo. Lancé un rugido mientras algo se rompía en mi columna vertebral. Mi espalda se deformaba, bullía. Mi piel se desgarraba, mi cuerpo se convulsionaba, mi piel quemaba, mi corazón se atemorizaba.

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