Grave. Una voz grave susurrante en mi oído.“Gata… Gatita.”
Se me erizó el pelo de la nuca. Si hubiese tenido escamas se me habrían partido de raíz. El asco y el terror inundaban cada gota de mi sangre, de mi piel, de mis entrañas.
“Juguetito mío ¿qué haces? ¿Escapar?” Me dolía la piel a la espera del brillante y doloroso castigo. “Ja Ja Ja… no seas ridícula” Mis lágrimas tenían la impotencia, la sumisión y la desesperación grabadas.
Ciñó mi reseco pelo en un puño, tiró hacia abajo. Grité y agarré las raíces con las manos. Mi voz en llanto rompía el silencio. Mi cuerpo colgaba de mi pelo y suavemente caí en el frío suelo de cemento.
Sabía lo que venía, lo sabía.