Sara M. Pérez

jueves, 20 de octubre de 2011

Fase terminal.

Grave. Una voz grave susurrante en mi oído.“Gata… Gatita.”
Se me erizó el pelo de la nuca. Si hubiese tenido escamas se me habrían partido de raíz. El asco y el terror inundaban cada gota de mi sangre, de mi piel, de mis entrañas.
“Juguetito mío ¿qué haces? ¿Escapar?” Me dolía la piel a la espera del brillante y doloroso castigo. “Ja Ja Ja… no seas ridícula” Mis lágrimas tenían la impotencia, la sumisión y la desesperación grabadas. 
Ciñó mi reseco pelo en un puño, tiró hacia abajo. Grité y agarré las raíces con las manos. Mi voz en llanto rompía el silencio. Mi cuerpo colgaba de mi pelo y suavemente caí en el frío suelo de cemento. 

Sabía lo que venía, lo sabía.