Sara M. Pérez

sábado, 25 de abril de 2015

Disgresión

Alzo las manos y toco su cara con los pulgares. Con las yemas de los dedos rozo el contorno de su frente, trazo sus ojos, delineo el perfil de su nariz. Él se mantenía de pie, inmóvil, respirando acompasadamente, con los párpados cerrados, intentando absorber todo lo que pudiese de mi. Sabía que sentía la electricidad en mis dedos mientras acariciaba su piel, la tensión y la paz que me provocaba, la admiración patente en mi aliento contenido.
El pelo caía por su espalda, lleno de mechones trenzados, con cuentas y plumas de pájaros arraigadas en ellos, uniendo le con la tierra, con la naturaleza. Mi mano contrastaba con su piel tostada, el era mi piedra de toque, mi ancla, el lazo que me unía al mundo, a la civilización de la que no quería pero no podía evitar separarme. 
El viento nos azotó, el frío impregno nuestra piel, nos hizo contener la respiración y breves escalofríos recorrieron nuestras espaldas.
Madre Naturaleza intentaba jugar, darnos ese levé empujón necesario para que nos diésemos calor. Yo siempre tenía frío a su alrededor, su cuerpo ardía por dentro como las ascuas del fuego. 
Le temía, temía aquello que no podía controlar, aquello que desataba en mi emociones indomables. Él era salvaje, su mirada  lo era, su postura, sus palabras, ¿su corazón?

Lentamente abrió los ojos, espesas pestañas enmarcaban sus ojos miel oscura, eran profundos. Le miré, me encogí por dentro, me intimidaba, me dejaba prendada, me confundía. 
Aparté la mirada acto seguido, parecía haber algo a mi izquierda que llamaba mi atención. Su lengua tomó mi yugular.

lunes, 13 de abril de 2015

El placer de ser presa del sueño

El corazón me late, atropelladamente. Mi piel palpita, pequeños pellizcos mueven mi sangre. La noto en los dedos, rebuscando nuevos caminos.
Algo acaricia mis hombros donde no cubre el edredón.  Es el frío, suave, parece seda, pero muerde. Lo combato con mi calor, estamos igualados, me gusta así. 
La calma parecería acechar, sino fuese por que ya esta instaurada aquí. Flota, esta ahí, dejándonos ser conscientes de ella, disfrutarla. Es estática, seria, amable, desafiante. 
El sueño me ronda, soy su presa, soy débil, lo huele. Traspasa el frío y la calma, son sus cómplices. Se escurre con el aire, traspasa el edredón, se entremezcla con mi pelo, deja que lo inhale. Ya lo tengo en mi interior. Se cuela en mi epidermis, se acopia de mis glóbulos rojos, me recorre por dentro. Notó su peso, lleva consigo la calma, hace que deje de moverme, inquieta. Despacha al frío con un ademan, me quiere cuidar, me acuna, me susurra dulces promesas de sueños bonitos. Recorre mis brazos, aleja el frío, roza mis mejillas, mi pelo. Mi mente. Me insta a cerrar los ojos, ya adormecida. Se coloca junto a mi, muy cerca, bostezando promesas hasta el amanecer.