Sara M. Pérez

lunes, 13 de abril de 2015

El placer de ser presa del sueño

El corazón me late, atropelladamente. Mi piel palpita, pequeños pellizcos mueven mi sangre. La noto en los dedos, rebuscando nuevos caminos.
Algo acaricia mis hombros donde no cubre el edredón.  Es el frío, suave, parece seda, pero muerde. Lo combato con mi calor, estamos igualados, me gusta así. 
La calma parecería acechar, sino fuese por que ya esta instaurada aquí. Flota, esta ahí, dejándonos ser conscientes de ella, disfrutarla. Es estática, seria, amable, desafiante. 
El sueño me ronda, soy su presa, soy débil, lo huele. Traspasa el frío y la calma, son sus cómplices. Se escurre con el aire, traspasa el edredón, se entremezcla con mi pelo, deja que lo inhale. Ya lo tengo en mi interior. Se cuela en mi epidermis, se acopia de mis glóbulos rojos, me recorre por dentro. Notó su peso, lleva consigo la calma, hace que deje de moverme, inquieta. Despacha al frío con un ademan, me quiere cuidar, me acuna, me susurra dulces promesas de sueños bonitos. Recorre mis brazos, aleja el frío, roza mis mejillas, mi pelo. Mi mente. Me insta a cerrar los ojos, ya adormecida. Se coloca junto a mi, muy cerca, bostezando promesas hasta el amanecer. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario