Un golpe, otro. Cientos de astillas volando ante mis ojos. Una ventana rota y Gozilla en la puerta. Temblando de pánico conseguí mantearme en mi escondite.
Boom! Boom! Plas! Crash! Plas! Boom! Boom!
¿Qué era eso? Sonaba a golpes. Asome la pupila por la mirilla del armario. No cabía de mi asombro. Gozilla caído en el suelo.
¿Qué ser en su sano juicio se atrevería a enfrentarse él? – Pensé.
Yo – dijo mientras abría las puertas del armario, me guarida secreta. Sonrió y me tendio la mano.
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