Sara M. Pérez

lunes, 25 de enero de 2016

El Mal

Las gárgolas de la catedral me observaban, siseos brotaban de sus bocas. Los vientos parecían azotarme, retrasarme, detenerme,… pero la puerta de la catedral estaba abierta esperando por mí. Agarré los pliegues de mi abrigo, escondí la cabeza y avancé.

El silencio me envolvió, el viento ya no silbaba, las sombras me acogían y ningún par de ojos me juzgaba. Lentamente seguí caminando, recorriendo la iglesia hasta que lo encontré. Sobrepasé la puerta que daba al despacho del padre y me desplomé en una de sus sillas, la más cercana a la estufa. Aquel había sido un día frío. Él levanto la vista y me miró, paciente, serio, acuciante. El pecho me tembló, mis ojos ardían.
  • Dana…
  • Estoy cansada, padre. Los siento,esos dos mundos divididos dentro de mí. Siento el Mal, la ira, la tristeza y el dolor, y los adoro, adoro su sensación, son dulces en mi paladar. Pero, ya que las amo, sé que no son lo único que hay aquí, siento el amor dentro de mí, padre. Lo siento crecer, trepando por las paredes de la oscuridad, destruyendo mi maldad, limando mis espinas. Es como una batalla que me deja paralizada, que me corroe, que me enfada, una batalla en la que no puedo elegir bando de corazón.
  • Es una dura carga la que soportas, Dana, pero debes perseverar, no ceder, aguardar hasta el momento en el que la elección te llegue. No dudes Dana.
  • Padre, tu no lo sientes dentro de ti, el Mal. Tú no cierras los ojos y ves la sangre, la venganza. Tú no anhelas matar, no anhelas el dolor. A veces, me siento tan destrozada, derrotada por esta discordia, que me tranquilizo pensando que si duele es que aun no estoy muerta. Es el dolor, lo más puro. El sufrimiento, la rabia,… tan honestos. El Mal es rápido, rápido en el placer y en las recompensas, el Mal es divertido. ¿Pero y el Bien? No veo sus beneficios, no veo que “bien” hace al mundo. Todo se cae a pedazos, por más leyes, por más sentido común que intentemos inculcar. Es la era más brillante, y estamos más ciegos que en la más oscura de ellas.  Sé que algo allá arriba me observa, siento que soy amada, pero padre, no sé si por Dios o por el mismísimo Diablo. Y lo peor – sollocé- es que no sé quien espero que sea.
  • Siento que debas llevar esta carga dentro tuyo. No sé por qué prueba estas pasando, ni por qué pero si te rindes por un segundo, la oscuridad te consumirá, teñirá tu sangre, nublará tu vista, matará tu ser, te pisará. Y eso será peor, Dana, por qué, aun eclipsada, hay una belleza limpia en ti, sincera. Una luz en tus ojos, la de la justicia. Yo puedo verla, hija, pero tú debes protegerla.

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