Sara M. Pérez

miércoles, 29 de febrero de 2012

Escondido en borradores estaba...

El llorar provoca una desconexión neuronal, te aparta de los pensamientos dolorosos que te obsesionan, pura química. Qué mecanismos más asombrosos tienen los humanos que nos protegen y nos ayudan en cada situación… Rememoro aquellos tiempos en los que llorar era mi pasatiempo favorito. Lloraba por nada: por cada instante perdido, por cada suspiro omitido, por cada detalle no visto… y me encantaba el estado de ingravidez en el que te encontrabas después, en el liso limbo de las emociones, único momento en el que pensar con claridad era posible. Evocaba mi infancia, donde estar con mis amigos masculinos era muchísimo más ameno que las Barbie y los saloncitos de maquillaje, donde podía correr y correr sin sentir que estaba haciendo algo raro. Ahora mismo, por ejemplo, estoy en ese estado de ingravidez propio de la conducta que he dicho antes y puedo añorar tranquilamente la espontaneidad con las que siempre me he comportado, sin preocuparme de los demás, ni respetar nada, ni pensar qué estaba haciendo algo… Creo que todo el mundo ama ser un espíritu libre, pero el que lo es, realmente le cuesta muchísimo contener sus impulsos, sus conductas naturales… Su yo más interno.

No hay comentarios:

Publicar un comentario