Sara M. Pérez

jueves, 8 de diciembre de 2011

Panthera Onca.

Una noche fría era. Las nubes colapsaban el cielo y las luces rojas de la policía teñían la nieve de rojo. Parecía teñida de sangre. Lo estaba.
No había ni una sola estrella, tampoco luna. Todo resplandecía a causa de las farolas y como si fuese magia, humo de fuegos dormidos salía cada vez que resoplaba.  
Caminé por sinuosas callejuelas, asusté gatos corroídos comiendo sobras enmohecidas, vi pájaros arrastrarse por la calle y vi, a demás, como a una veintena de personas se les volaba la cabeza. No se giró ni una cámara de seguridad y nada fue visto por nadie más. Milagro o condena para los culpables. Desilusión para mi, otro trabajo más en mi lista de freelance.
Me presento:
―      Buenas noches, soy Onca y mi apodo es Spark.  




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